La rebeldía intelectual es muy Miu Miu. Es prácticamente una revolución silenciosa que la marca quiera ocupar un lugar en el saturada Salone del Mobile de Milán no con muebles y objetos decorativos, sino con ideas. El Literary Club 2026, con el título “Política del deseo”, fue concebido por Miuccia Prada como tres días dedicados a pensar el deseo, el consentimiento y la autonomía femenina desde la literatura.
El club literario de Miu Miu demuestra que la moda también es intelectual
En pleno Salone del Mobile de Milán, Miu Miu presenta su club literario “Política del deseo”.
El punto de partida son dos autoras que han redefinido la escritura de lo íntimo: Annie Ernaux y Ama Ata Aidoo. Sus textos “A Girl’s Story” y “Changes: A Love Story” son el punto de partida de conversaciones sobre memoria, poder y sexualidad. En Ernaux, el deseo se revisita desde la fricción entre experiencia y relato; en Aidoo, es una herramienta para negociar la independencia dentro de estructuras culturales complejas.

Instalado en el Circolo Filologico Milanese, el club reinterpreta la tradición del salón literario europeo desde una sensibilidad contemporánea. Conversaciones, lecturas y conferencias conectan teoría y experiencia, abriendo el debate hacia temas urgentes: desde cómo la inteligencia artificial reconfigura lo que creemos desear hasta la necesidad de repensar el lenguaje del consentimiento en la era post-#MeToo.

Ese cruce entre cultura y presente se materializa también en el espacio físico. Por primera vez, una biblioteca concebida por Rosi Braidotti toma el lugar, trazando un mapa del pensamiento feminista que va de Simone de Beauvoir a Virginia Woolf. El último día, además, el edificio se transforma en una sala de lectura abierta al público, reforzando la dimensión colectiva del proyecto: el conocimiento se comparte.
Esta iniciativa cultural de Miu Miu, en su cuarta edición (incluyendo una en Shanghái), reescribe la narrativa que acusa a la industria de superficial: la moda puede ser un espacio para el pensamiento crítico, para el intercambio de ideas, para reflexionar. Apostar por la palabra escrita, por su capacidad de cuestionar, de abrir preguntas más que cerrarlas, se convierte así en el gesto más intelectual de la marca.


