A Miuccia Prada le encantan las faldas. La diseñadora suele llevar una cuando sale a saludar al final de sus desfiles y alguna vez dijo: “Para mí, la falda es como una camiseta”. Cada nueva colección de Prada suele presentar una versión atrevida de esta prenda. Pero en primavera-verano 2027, presentada en Milán, se convirtió en el centro de una propuesta que exploró los códigos clásicos de la hiperfeminidad con una buena dosis de audacia.
Prada tiene una protagonista para la próxima temporada: la falda
Cristales, organza y volúmenes escultóricos: las faldas se llevan toda la atención en la colección primavera-verano 2027 de Prada.
Aberturas pronunciadas, construcciones escultóricas y paneles cubiertos de lentejuelas, pedrería de cristal y delicadas rosetas marcaron el rumbo. Eran destellos de alegría que irrumpían entre el aire preppy de los chalecos de punto grueso y la sensualidad de los bra tops ajustados al cuerpo.
La fórmula de Prada: bra top y falda protagonista
El desfile abrió con un sencillo bra top con paneles de encaje negro y una falda rojo jitomate de abertura alta. Esa combinación de top diminuto y falda de gran presencia definió la colección.

Después llegaron las camisas abotonadas, los aretes de botón y las faldas plisadas. Las voluminosas chamarras de piel con acabado desgastado dejaban asomar apenas los bajos de telas ligeras con estampados florales. Los suéteres llevaban las mangas remangadas; algunos looks parecían vestidos con el cierre abierto y una falda superpuesta. También hubo abrigos utilitarios de tejidos técnicos.

Los zapatos de tacón con pequeños moños contrastaban con vestidos de piel estructurados y escultóricos en blanco intenso y verde chartreuse. Las capas, con cierta espontaneidad casera, aportaban inocencia e intuición al conjunto: bajo los chalecos de punto aparecían mangas largas y holgadas.

Más cristales, más textura, más falda
Las faldas iban en serio. Había versiones de lana gruesa con pliegues texturizados, cristales en las pretinas y los paneles, y moños superpuestos bajo capas de organza casi transparentes. Las lentejuelas sobre los pliegues centelleaban con la luz del piso de la pasarela, mientras que los plisados rosa chicle sumaban un toque dulce.

Además de la pedrería, los olanes, las rosetas, las lentejuelas en forma de flor y los estampados que parecían pinceladas rompían con la uniformidad del vestir cotidiano. La propuesta recuperaba cierta formalidad, pero con una alegría muy relajada.

Los bra tops también tienen algo que decir
El contrapunto de esas faldas fueron los bra tops, que ya comenzaban a perfilarse como una tendencia de la temporada. Prada los presentó como bandeaus de absoluta sencillez o en formas más atrevidas, con accesorios igual de inesperados.

Destacó una versión amarilla de acabado sedoso, con mangas y una pequeña bolsa a juego enganchada a la prenda. Otros adoptaban formas de arnés y se ajustaban tanto al cuerpo que parecían pintados sobre la piel, como una nueva interpretación del vestido bandage. También aparecieron tirantes de pedrería y bras que se llevaban desabrochados, abiertos por la espalda.
Una falda muy Prada
Los pequeños estampados florales de inspiración sesentera y los verdes neón remitían al universo de Miuccia incluso antes de la llegada de Raf Simons. Su influencia también se reconoce en otras colecciones de la temporada, mientras la fascinación por Prada sigue reuniendo a profesionales de la industria, admiradores de siempre y otras casas de moda.

Pocas firmas hacen una falda como Prada. Con acabados brillantes, tonos amarillo merengue de limón y adornos extraordinarios, cuesta pensar en otro básico con tantas posibilidades. Aquí, la falda es toda una forma de vivir la moda.
Este artículo fue publicado originalmente en ELLE US.
