Si te gusta celebrar San Valentín de manera especial junto a tu pareja, tengo la propuesta perfecta para sorprenderlo. Esta experiencia no es ni demasiado romántica ni demasiado casual, tiene el equilibrio ideal para crear un espacio donde lo único que importa sean los dos. Hablo de una estadía 360° en el St. Regis.
Celebrar San Valentín en el St. Regis es convertirte en realeza por una noche
¿Quieres sorprender a tu pareja en San Valentín? Invítalo una noche en el St. Regis para una experiencia 360, ¡no te arrepentirás!
Este hotel en la CDMX es famoso por ser el favorito de las celebridades y, además, por ser el lugar ideal para escapar del bullicio de la ciudad dentro de la misma. Puede sonar contradictorio, pero te aseguró que vivirán una experiencia única en solo una noche. La experiencia comienza desde el momento en que haces check-in. La bienvenida del personal del St. Regis es digna de la realeza, y desde ese instante, se sumergirán en una atmósfera diferente, relajada, tranquila y romántica.
Al llegar a su habitación, el mayordomo tocará la puerta ofreciendo sus servicios y una vez más, los harán sentir como personajes reales. Pueden pedirle que desempaque las maletas por ustedes si es lo que prefieren, o simplemente, ordenar copas de vino para comenzar. Después, recomiendo seguir en el modo zen con un masaje descontracturante que les servirá para dejar el estrés a un lado. Ya con el cuerpo y los músculos relajados, será momento de pasar a la siguiente actividad de la estadía: la hora del té al más puro estilo inglés.

En su habitación encontrarán todo lo necesario para este momento. Un carrito con una selección de tés que van desde manzanilla o de frutos rojos hasta un oolong para lo más conocedores. Este ritual también incluye bocadillos salados y dulces. Mi favorito fue el bisquet con durazno y el de mi esposo, el de salmón con alcaparras.

Para cerrar el día, el Restaurante Diana ofrece un menú especial de San Valentín. Cada platillo estará presentado mejor que el anterior y además, sabrá mejor que el anterior. La cena comienza con un buñuelo con forma de estrella relleno con foie gras —tan bonito que no querrás comértelo—. El segundo tiempo es un rollo de cangrejo con erizo envuelto en aguacate que no podrás comparar con ningún otro platillo. Por último, un New York bañado en salsa bearnaise hará una explosión de sabores en tu paladar, al igual que el postre, un durazno en forma de rosa acompañado por frambuesa.

Al día siguiente, tú y tu pareja amanecerán como nuevos y cómo no, con esa cama y almohadas sería un insulto no dormir como bebé. La experiencia no termina hasta después de haber desayunado desde la comodidad del cuarto.

