Lo bien hecho pasa de mano en mano. Consciente de que sus productos pueden tener más de una vida, Longchamp presentó We Resell, su nueva plataforma de segunda mano desarrollada junto a Faume, empresa especializada en circularidad en la moda. El interés de la marca por la reventa redefine la manera en la que los clientes se relacionan con piezas icónicas como Le Pliage o Le Roseau.
Longchamp lanza su plataforma de segunda mano
Porque sus bolsas pueden tener más de una vida, Lonchamp presenta su propia plataforma de venta de piezas de segunda mano.
En esta primera etapa, el servicio está disponible a través del sitio web de Longchamp en Francia. La plataforma permite a los clientes vender y comprar bolsas y accesorios de la marca mediante un sistema certificado que incluye autenticación, evaluación del estado de las piezas, control de calidad y recompensas en forma de créditos para futuras compras. Así, Longchamp extiende la vida útil de sus productos mientras mantiene el control de la experiencia del cliente.

La iniciativa llega después de que Longchamp obtuviera la certificación B Corp, uno de los reconocimientos más importantes para empresas comprometidas con prácticas sociales y ambientales responsables. Bajo la filosofía “We Produce, We Care, We Repair”, la marca francesa también ha reforzado su programa de reparación y restauración de piezas, consolidando una visión de consumo más responsable.

El mercado de segunda mano dejó de ser un nicho, o incluso un tabú, hace tiempo. De acuerdo con Boston Consulting Group y Vestiaire Collective, el sector podría crecer hasta alcanzar los 360 mil millones de dólares para 2030. Faume, socio estratégico de Longchamp y colaborador de marcas como Isabel Marant y Victoria Beckham, asegura que los programas de reventa pueden generar hasta un 5% de crecimiento adicional para las marcas.
Fundada en 1948, Longchamp demuestra que la sostenibilidad ya no es una opción dentro de la industria de la moda. La marca, con casi ochenta años de historia, ha entendido que la Gen Z consume con una lógica diferente: menos impulsiva, más consciente y profundamente atraída por piezas con historia. A diferencia de nuestras madres y abuelas, las bolsas ya no terminan olvidadas en un clóset; ahora tienen la oportunidad de comenzar una segunda vida.


