Arrrco es una nueva propuesta en la CDMX que se establece como un taller creativo donde se fusionan arte, comunidad y gastronomía a través de un espacio multifacético que ofrece más que una simple experiencia culinaria. Cada siete semanas, el espacio de Arrrco se transforma bajo la intervención de un artista residente, creando un vínculo entre el arte visual y el mundo gastronómico. Esta iniciativa tiene como objetivo proporcionar una experiencia que conecte las diferentes formas de expresión artística.
Piezas de arte convertidas en cocina de autor: Andrés Monnier x Arrrco
Arrrco y el artista Andrés Monnier presentan una colaboración única donde el arte se fusiona con la gastronomía en un menú de autor con la propuesta culinaria del chef Álvaro Vásquez.
En su primera colaboración, Arrrco se asocia con el artista mexicano Andrés Monnier, cuyo trabajo ha capturado la atención a través de la escultura, la cerámica y la ilustración.

Andrés Monnier: El arte que inspira el menú de Arrrco
Andrés Monnier es el primer artista residente de Arrrco y, a través de su obra, invita a reflexionar sobre la identidad, la memoria y la ilusión del control. Su estilo único, caracterizado por el uso de materiales como el mármol negro y su enfoque en la fragilidad de las relaciones, nuestras conversaciones con los demás e incluso lo que nos decimos a nosotros mismos. En esta colaboración, Monnier ofrece una nueva perspectiva de su arte al crear piezas más pequeñas, como sus icónicos candelabros y espejos, que se exhiben por primera vez en formatos reducidos. Además, Monnier se adentra por primera vez también en una línea de merch que incluye ropa y gorras intervenidas con sus materiales insignia.

La gastronomía de Álvaro Vásquez: Interpretando el arte de Monnier
A la cabeza de la propuesta culinaria de Arrrco se encuentra el chef Álvaro Vásquez, un experto de la gastronomía latino-asiática con formación en Perú y México, quien ha trabajado en cocinas tan reconocidas como Central, Astris, Gastón y Pujol. Vásquez se encarga de interpretar la obra de Monnier a través de una experiencia culinaria. En este sentido, el chef convierte la obra de Monnier en una extensión comestible de la exposición, dando lugar a un menú de cuatro tiempos.

El primer tiempo hace referencia al origen, con un tempura negro de papa y hongos con alioli ahumado. El segundo tiempo se centra en el mar, con un ceviche de robalo, leche de parmesano, alioli de tinta, chicharrón de tinta y aceite verde, una representación de la fluidez y la transformación del ser, como lo expresa Monnier en su trabajo. El tercer tiempo, que representa la tierra, se materializa en un cerdo con chile, puré de maíz y puré de huitlacoche. Finalmente, el postre, que hace referencia a lo espiritual y la muerte, es un mousse de chocolate con chile pasilla en caramelo, porque como dice Monnier “estamos vivos todos los días, pero solo morimos una vez”.

