Este año, uno de mis propósitos fue dejar de comprar ropa de cualquier marca, pero sobre todo de firmas fast fashion porque debo confesar que soy -bueno, era- adicta a las compras. Este propósito surgió cuando me di cuenta que tenía muchísima ropa y peor aún, algunas prendas hasta con etiqueta en mi clóset. Además, mi cartera necesitaba ayuda, el poco dinero que podía ahorrar me lo estaba gastando en cosas que sinceramente no son tan necesarias como uno cree mientras está en el rush del shopping.
Dejé de comprar ropa en 2020 y estas son las etapas por las que he pasado
Les cuento todas las etapas por las que he pasado al decidir no comprar nada este año. No ha sido fácil pero sí muy satisfactorio.
Así que llevó todo el 2020, o sea 8 meses, sin comprar nada, literal NADA, ni una sola T-shirt. Aquí les voy a contar todas las etapas por las que he pasado, porque sinceramente no ha sido nada fácil pero sí, muy satisfactorio.
Cuando tomé la decisión estaba muy segura de mí misma y sabía que me iba a hacer bien, no solo porque mi cartera y el planeta me lo iban a agradecer sino porque en lo personal, ya era hora de dejar de ser una consumista y ser víctima de la mercadotecnia.
A inicios del año, antes de que el Covid-19 llegara a México, mis compañeros de la oficina hablaban sobre los nuevos lanzamientos de todas las marcas y las cosas que se iban a comprar y yo les decía que aunque me encantaban esos lanzamientos no iba a caer y cuando veían que de verdad quería comprármelos pero cumplía mi palabra no lo podían creer y hasta me felicitaban.
Cuando alguien llegaba estrenando ropa a la oficina, yo pensaba: “Vamos, sigue así. Está padre comprar ropa pero no lo necesitas”.
Tuve una boda a finales de febrero y quería comprarme un vestido, de hecho, me engañe a mí misma diciendo que un evento así ameritaba comprar algo nuevo y estuve a nada de hacerlo, pero decidí sumergirme en mi clóset y encontré un conjunto que me compré el año pasado y que era perfecto para la ocasión. ¿Lo mejor de todo? ¡Hasta me lo chulearon!
Y siendo sincera, me sigue pasando eso de estar a punto de caer, pero resisto.
Una de las industrias que más contamina y daña al medio ambiente es la industria del fast fashion y al darme cuenta que ya no estoy contribuyendo a esto me sentí aliviada y ni hablar de la tranquilidad que sentí cuando comencé a ver mis estados de cuenta sin gastos de ropa cada mes.
Cuando llegó el coronavirus a México, me dio la impresión de que muchas personas estaban comprando para dejar de lado el sentimiento de preocupación y de incertidumbre que estaba ocasionando la pandemia y yo quería comprar para tener una razón para estar feliz en medio de la crisis, sin embargo resistí.
Lo que hago es un falso shopping. Entro a las tiendas online de mis marcas favoritas, recorro todo el catálogo, añado prendas a mi carrito de compras, veo el total y cuando estoy a punto de darle click en “comprar” me arrepiento. Luego, cuando vuelvo a entrar a checar mi carrito me doy cuenta que todo lo que había añadido o por lo menos una gran parte ya está agotada y eso me da paz.
Lo que me ha pasado últimamente es que cuando hago el punto anterior (diversión) me doy cuenta que acaban de lanzar prendas que llevo queriendo desde hace mucho, como unos jeans, zapatos o un top muy especifico y digo “he querido este corte de jeans desde hace años pero nunca lo encuentro, esta es una oportunidad en un millón” y me digo tantas frases para convencerme de comprarlos que termino desesperada y sin comprar nada.
Siempre encuentro la forma de intentar justificar mi compra. Por ejemplo, en las rebajas pensé “nunca voy a encontrar este conjunto más barato, ¡cómpratelo!” o me digo a mí misma “durante la pandemia has estado ahorrando mucho en gasolina, comida y otros gastos (ahora estoy en la casa de mi papá) puedes usar ese dinero para comprarte algo”, pero después de pensarlo dos veces, llego a la conclusión de que mi decisión va más allá del dinero, como les dije al principio quiero dejar de ser esa persona consumista que cae ante la mercadotecnia.
Al final de todas las etapas anteriores siempre llego a esta. Me siento libre de que he cumplido con mi palabra y de que no solo le estoy haciendo un bien a mi cartera sino también al medio ambiente y generando un cambio en la sociedad del consumo.

